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Medio ambiente

Ahorro hídrico contra el cambio climático: una tarea de todos

El agua es un recurso tan necesario como limitado. Su uso indiscriminado y mala gestión se traduce en uno de los principales focos de contaminación global, especialmente en la actualidad, cuando los avances del cambio climático no hacen más que agravar la situación ecológica.

La correcta gestión de los recursos hídricos representa un objetivo para las legislaciones medioambientales tanto europeas como mundiales. Pero es también un reto, ya que el avance del cambio climático, que deja cada vez más regiones de nuestro planeta en condiciones de escasez de agua o sequía, convierte el ahorro hídrico en una prioridad.


En la práctica, las posibilidades para optimizar el consumo de agua, tanto en la vida personal como en las empresas, son muchas: recuperación de las aguas residuales y de desecho, mejora de los sistemas de abastecimiento de agua, diseño de regadíos que eviten el desperdicio hídrico en la agricultura, y, por supuesto, comportamientos responsables por parte de todos nosotros.

La agricultura, el sector clave

La utilización de los recursos hídricos por parte de la agricultura de regadío es algo indispensable para el sector. Sin embargo, su malgasto y la mala gestión de un recurso tan importante como el agua, llevan a una situación de crisis climática en la que el primer paso, el más urgente e importante, es evitar a toda costa el malgasto de recursos. En este contexto, la agricultura supone uno de los principales sectores donde se debe trabajar de manera sostenible, evitando que la actividad tenga un impacto negativo en su entorno.
Especialmente en la zona sur de nuestro país, el ahorro de recursos hídricos se convierte en algo de extrema necesidad, ya que cada año se sufre con más fuerza la desertización y su impacto.


Por otro lado, una más de las principales consecuencias negativas de esta actividad es la alteración de la calidad de las aguas a través del incremento de partículas en suspensión, fertilizantes, sales, compuestos orgánicos y la presencia de compuestos tóxicos como residuos de plaguicidas y herbicidas. Es indispensable evitar todo lo posible la contaminación de los cursos de agua y asegurar que su abastecimiento a la población sea seguro, eficaz y continuo.


En el sector de la agricultura puede residir la clave no sólo para el ahorro hídrico, sino también para generar un cambio de filosofía en nuestro modo de vida como sociedad. Por ello, muchas empresas están trabajando en el diseño y la construcción de soluciones que ayuden a reducir el desperdicio hídrico, a crear campos de regadío sostenibles y a minimizar o eliminar la contaminación de los recursos hídricos naturales.

Control de la evaporación

La evaporación del agua de las balsas de riego supone un problema importante a la hora de mantener la eficiencia ecológica de una explotación de regadío. Al mantener un embalse de riego descubierto, se pierde una enorme cantidad de agua debido a la evaporación, lo que se traduce en pérdidas económicas importantes para los agricultores. A nivel medioambiental, esto supone un desaprovechamiento de los recursos hídricos, que lleva a un sobreconsumo, causante del déficit de agua y la desertización de las regiones más áridas.


Para hacer frente a la evaporación, muchas empresas de agricultura recurren a la instalación de cubiertas flotantes o cubiertas suspendidas, una solución sencilla pero efectiva para frenar la pérdida de agua. Un sistema que consiste en la instalación de una geomembrana flexible e impermeable desarrollada específicamente para este uso y que cubre totalmente la superficie de agua. Gracias a su máxima eficiencia estas cubiertas consiguen reducir la evaporación por completo en todo momento.


Además, presenta otras ventajas a nivel de aprovechamiento hídrico, ya que anula la proliferación de algas, y reduce la salinidad del agua almacenada y su contacto con agentes externos, fenómenos que ocasionan una pérdida de la calidad del agua para el regadío y que pueden evitarse con la cubrición de las balsas.

Correcto almacenaje de purines

El sector de la producción porcina ocasiona ciertos problemas medioambientales y sanitarios, muchos de ellos derivados del almacenamiento de los desechos, tanto sólidos como líquidos, generados por los animales.

Estos desechos, conocidos como purines, suelen utilizarse como fertilizante, pero su manejo y almacenamiento pueden suponer un problema medioambiental. Si no se almacenan correctamente, los purines pueden filtrarse hasta los acuíferos subterráneos, suponiendo no sólo una importante contaminación sino también, y según estudios recientes, derivando en una pérdida de nutrientes del agua de cara a su consumo humano.

Para evitar la filtración y la contaminación del terreno, muchas empresas agrícolas y ganaderas optan por las balsas de purines como recurso para el correcto almacenamiento de los residuos. Las balsas de purines se construyen con un material aislante e impermeable que evita la filtración al suelo y los acuíferos, y asegurando un almacenaje eficiente que no suponga un daño para el medioambiente.

Medidas desde los ayuntamientos

Si bien las demandas de agua de las zonas agrícolas suponen un problema, también lo es la de las zonas urbanas. El crecimiento de la población y de las ciudades ha llevado a una mayor demanda de agua, que si no se gestiona de una manera eficiente y desde un punto de vista ecológico, puede resultar en una sobreexplotación de los recursos hídricos de una zona.

Los ayuntamientos son instituciones clave en lo que se refiere a la gestión de los recursos hídricos. Especialmente en las grandes ciudades, es esencial que se elaboren acciones específicamente diseñadas no sólo para asegurar una prestación eficiente, consciente, proporcionada y equitativa del agua, sino también para contribuir a su ahorro. Una correcta gestión del agua en zonas de alta demanda es indispensable para la conservación de este recurso vital.

Ayuntamientos como el de Madrid, como capital de nuestro país y ciudad más poblada de España, pueden ir abriendo camino en cuanto al diseño y la puesta en práctica de estas medidas. Algunas de las iniciativas llevadas a cabo por el ayuntamiento de Madrid son:

  • Regeneración de aguas residuales: aprovechamiento de agua procedente de las estaciones depuradoras del sistema de saneamiento de la ciudad.
  • Aprovechamiento de aguas freáticas: extracción de recursos hídricos procedentes de pozos del subsuelo, como alternativa a los pantanos sobresaturados.
  • Realización de auditorías de las redes de riego, para evaluar si es posible incrementar el ahorro del agua en ellas.
  • Controlar el consumo de agua en los edificios municipales a través de medidas como la sustitución de los inodoros y el correcto y regular mantenimiento de las redes de cañerías.

Ahorrar agua en los edificios

Tanto en el diseño de nuevos edificios por parte de los arquitectos, como en su gestión posterior por parte de las comunidades de vecinos, hay muchas acciones que pueden llevarse a cabo para avanzar hacia el ahorro y la eficiencia en el uso del agua.

  • Sanitarios de alta eficiencia: en lugar de por los viejos inodoros, se puede optar por modelos de alta eficiencia que no utilizan más de 6 litros por descarga, llevando a un ahorro en torno al 20% de agua.
  • Inodoros de compost: no utilizan agua sino que procesan los residuos orgánicos con procesos microbiológicos.
  • Duchas y grifos de flujo bajo: se utiliza menos cantidad de agua.
    Uso de aireadores y sensores de movimiento en grifos: esto puede conducir hasta a un 30% de ahorro de agua.
  • Instalación de medidores de agua: instalar contadores por zonas que miden el consumo y ayudan a verificar las estimaciones de consumo de agua.
  • Aprovechamiento de aguas pluviales: instalar sistemas de recolección del agua de lluvia para su aprovechamiento.
  • Reutilización de aguas grises: procedentes de duchas, lavabos y lavadoras, suponen entre un 50 y un 80% de las aguas residuales en los edificios de viviendas y se pueden almacenar y utilizar posteriormente, mediante los tratamientos adecuados.
  • Tratamiento de aguas residuales: se pueden diseñar edificios que incluyan su propio sistema de tratamiento y aprovechamiento de las aguas residuales, haciéndolos plenamente eficientes en cuanto a consumo de agua.

¿Qué podemos hacer nosotros?

Como individuos, nuestra capacidad de cambio está más limitada. Pero aún así, a veces las pequeñas acciones son las más significativas, sobre todo si se convierten en parte de nuestra rutina, ya que puede llegar a cambiar nuestro pensamiento como sociedad, y contribuir a una percepción más consciente del consumo y el ahorro de agua.

Por ello, también desde casa, con pequeñas acciones, podemos contribuir a un consumo más responsable del agua. Estas son algunas recomendaciones:

  • Procurar no poner el lavavajillas con poca carga: el lavavajillas consume una enorme cantidad de agua, por lo que debemos evitar encenderlo si no lo hemos llenado del todo. Si tenemos poca vajilla que fregar, es mucho más eficiente hacerlo en el fregadero o incluso llenando un recipiente con agua. Este agua puede incluso reutilizarse para otros lavados si no se ha ensuciado demasiado.
  • Hacer lo mismo con la lavadora: la lavadora es el segundo electrodoméstico que más agua consume en un hogar. Por ello, al igual que con el lavavajillas, debemos ser conscientes y no encenderla cuando no está llena. Igualmente, siempre es recomendable utilizar programas cortos que empleen menos cantidad de agua.
  • Instalar un cubo de lluvia: el agua que cae con las precipitaciones naturales está, por lo general, limpia (salvo trazas de polvo) y siempre libre de químicos. Simplemente dejando un cubo o un recipiente en nuestro balcón o en el jardín, podremos recoger una buena cantidad de agua de lluvia que después puede usarse para la limpieza del hogar.
  • Aprovechar el agua de cocción: si se ha utilizado agua para cocer pasta o verduras, esta puede reutilizarse para regar las plantas, para hacer sopas o para limpiar las verduras crudas.
  • No tirar el agua que no bebemos: si no nos terminamos el agua de nuestra botella o vaso, lo mejor es no tirarla por el fregadero, sino aprovecharla para regar las plantas o para escurrir los platos sucios.
  • Utilizar sólo la que necesitemos: está es una máxima aplicable a cualquier ámbito, pero especialmente nosotros como consumidores podemos ser muy conscientes del agua que necesitamos realmente, y no consumir más allá de nuestras necesidades reales. A veces no somos conscientes cuando dejamos el grifo abierto sin pensar, cuando nos demoramos más de lo necesario en la ducha o cuando llenamos un vaso de agua para sólo bebernos la mitad. El verdadero ahorro comienza en estos pequeños gestos para evitar malgastar.

El agua, fuente de vida y recurso limitado

En 2010, el derecho al agua fue reconocido por la Asamblea General de las Naciones Unidas como un derecho fundamental para la humanidad. Sin embargo, la realidad es que a lo largo del mundo, este derecho no se honra. No es ni mucho menos un recurso ilimitado, ni accesible para todos.

En los últimos 100 años el uso del agua a nivel global ha aumentado hasta 6 veces, y continúa creciendo debido al aumento de la población, en paralelo con las exigencias energéticas, unidas a las actividades agrícolas y la ganadería extensiva. La sequía y la desertización extrema, causadas por el calentamiento global, están resaltando aún más está realidad.

De acuerdo con la ONU, para 2030 podría producirse una reducción del 40% de los recursos hídricos, y esto hace aún más cruciales las estrategias de ahorro hídrico en todos los ámbitos de nuestra sociedad, y a todos los niveles.

Aprovechando las innovaciones tecnológicas, es posible hacer más eficiente el consumo de agua tanto por parte de la población como por las empresas, además de mejorar su gestión y su reaprovechamiento. De esta forma estaríamos haciendo frente no sólo al cambio climático, sino también a una situación de desigualdad a nivel mundial en cuanto al acceso al agua en condiciones de salubridad, algo de lo que gran parte de la humanidad aún no disfruta. Mientras muchos la malgastan, son muchas las personas que no pueden disponer siquiera del mínimo necesario para subsistir.

El agua es un derecho fundamental, un recurso indispensable para vivir, y la fuente de toda vida. Ahorrar y mejorar la gestión de algo tan necesario e intrínseco al ser vivo como el agua es una tarea de toda la humanidad, y una tarea urgente.

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